Del miedo al agua: lo que descubres cuando te atreves a probar el buceo.

Entrevista con Vanesa Giatas, instructora de buceo.

Hay momentos en los que todo parece estar bien —desde fuera—.

Tienes un trabajo estable, una rutina clara y una vida que, en teoría, funciona.

Pero por dentro empieza a aparecer una sensación difícil de ignorar.

Algo no termina de encajar.

Muchas mujeres -incluyéndome a mi- llegan a ese punto:

cuando empiezan a preguntarse si quieren seguir viviendo la vida que tienen

o si ha llegado el momento de cambiar algo.

La diferencia es que algunas personas deciden escuchar esa voz.

Vanesa Giatas es una de ellas.

Y por eso hoy quiero compartir con vosotras un pequeño trocito de su energía y de su historia personal.

Los sueños, sueños son -dicen-

Desde los 12 años Vanesa tenía claro que quería conocer mundo. Como cualquier niña, soñaba.

Soñaba libre.

Pero después llega la vida adulta. Y con ella, una idea que muchas veces repetimos sin cuestionarla: que los sueños son solo eso, sueños. Algo bonito de imaginar, pero no necesariamente algo que vaya a suceder.

Algo reservado para unas pocas personas extraordinarias.

Y casi nunca somos nosotras esas personas extraordinarias.

Vanesa decidió estudiar Información y Documentación. Pero nada más terminar sus estudios tuvo la oportunidad de volver a agarrarse a esa niña soñadora que había sido.

Y se fue de viaje.

Unos meses al sudeste asiático.

Ese viaje fue el principio de una nueva etapa.

Y fue allí donde apareció el buceo.

Cuando un viaje abre una puerta

Su historia vuelve a reafirmar la definición que le dio la psicóloga Aiora Zinkunegi en la última entrevista que realizamos sobre viajar.

Ese viaje fue para Vanesa la puerta hacia un cambio de vida.

La puerta al buceo.
La puerta a descubrir otros estilos de vida posibles.
La puerta a abrir su mente.

Pero todo cambio tiene su proceso.

Después de atravesar esa puerta al mundo, Vanesa tuvo que volver.

Y fue entonces cuando apareció el miedo.

Sin invitación.

¿Y si no soy capaz?
¿Y si no puedo mantenerme?
¿Y si esto no sale bien?

Son preguntas que muchas mujeres se hacen cuando sienten que quieren algo diferente para su vida.

Preguntas que aparecen justo en el momento en el que empezamos a imaginar otro camino posible.

Tres años más tarde, decidió dar el paso.

Se lanzó a vivir.

Entrevista completa:

En esta conversación, Vanesa comparte cómo fue su proceso de cambio de vida, los miedos que aparecieron en el camino y cómo el buceo terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su vida.

Del miedo al agua: su nueva vida como instructora de buceo.

Le pregunté a Vanesa cuál es el miedo más común de las personas que prueban el buceo por primera vez.

Su respuesta fue clara.

La mayoría de la gente llega con miedo.

Miedo a no ser capaz.
Miedo a no controlar la respiración.
Miedo a sentirse incómoda bajo el agua.

Son miedos muy humanos. Los mismos que aparecen cada vez que hacemos algo por primera vez.

Pero también me contó algo que se repite una y otra vez después de esa primera inmersión.

Cuando salen del agua, la sensación cambia por completo.

Muchas personas salen sorprendidas.

Sorprendidas de haber sido capaces.
Sorprendidas de la calma que han sentido.
Sorprendidas de descubrir que aquello que parecía tan intimidante se ha convertido en una experiencia tranquila.

Porque debajo del agua ocurre algo curioso.

La respiración se vuelve más lenta.
Los movimientos se vuelven más suaves.
La mente deja de correr tan rápido.

Y sin darte cuenta, entras en un estado muy parecido a la meditación.

Aunque el objetivo del buceo no sea relajarse, el propio entorno te obliga a bajar el ritmo y a estar presente.

De hecho, en este otro artículo ya hablábamos de cómo viajar y el buceo pueden mejorar la salud mental, algo que cada vez más personas descubren cuando pasan tiempo bajo el agua

Los miedos, miedos son

A los sueños muchas veces les quitamos importancia.
Pero a los miedos les damos todo el poder.

Los convertimos en razones para no intentarlo.

Pero si lo pensamos bien… los miedos también son solo eso.

Miedos.

Pensamientos que aparecen antes de hacer algo nuevo.
Y que desaparecen en cuanto damos el primer paso.

Y como ocurre en la vida misma, los miedos que se sienten al entrar al agua por primera vez no son tan distintos de los que sentimos en muchas otras situaciones.

El miedo a viajar sola.
El miedo a probar algo nuevo.
El miedo a salir de lo conocido.

Pero cuando atraviesas ese primer miedo, algo cambia.

No solo porque hayas buceado.

Sino porque acabas de demostrarte a ti misma que eres capaz de hacer algo que antes parecía grande.

Y esa sensación tiene mucho valor.

Porque muchas veces el crecimiento personal no empieza con decisiones enormes.

Empieza con pequeñas experiencias que te recuerdan que, quizás, eres más capaz de lo que pensabas.

Hacerle caso a la intuición

Historias como la de Vanesa no hablan solo de buceo.

Hablan de lo que ocurre cuando decides hacerle caso a esa intuición que te dice que quizá hay algo más esperándote.

A veces esa voz aparece en un viaje.
A veces aparece en una conversación.
Y a veces aparece simplemente cuando te permites parar… y respirar.

Incluso bajo el agua.

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