Me siento profundamente
afortunada de estar viva.

Y eso lo cambia todo.

No sé por qué nací en el lugar que nací.

No sé por qué tuve las oportunidades que tuve.

Solo sé que bastaría con haber nacido unos kilómetros más abajo, más arriba o en otro contexto, para que mi vida fuera radicalmente distinta.

Y eso cambia todo.

Hemos normalizado tenerlo todo... y sentirnos vacíos.

Hemos normalizado vivir en el "hacer" y en el "deber".

Hemos normalizado el cansancio.

La rutina.

La desconexión.

Y eso, para mí, es un insulto a la vida.

QUIERO VIDA.

QUIERO ENERGÍA.

QUIERO MOVIMIENTO.

QUIERO EMOCIÓN.

QUIERO ILUSIÓN.

Mi proyecto nace de esa rebeldía amorosa.

Nace del deseo de recordar -y ayudar a recordar- que esto se acaba.

Que estamos aquí para sentir.

Que tenemos la responsabilidad de honrar la oportunidad de estar vivos.

Que vivir con intensidad consciente no es un lujo superficial, es un acto de coherencia.

Nace del deseo de despertar esa brasa en quienes sienten que su fuego interior se está apagando.

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